Un desierto de tuercas y polvo
En un rincón olvidado del Lejano Oeste, los pueblos ya no los cuidan vaqueros de carne y hueso, sino robots de metal. Entre mesas rojizas, cactus y buitres que vuelan en círculo, el oro es lo que mantiene viva a la comunidad.
Todo el juego es una sola carrera interminable por ese desierto, bajo un cielo que pasa de la tarde dorada al atardecer encendido.